primera parte
En un lugar de paso
Hace unos días recorrí el estado de Oaxaca, sus colores, olores y gente hacen una diferencia a la capital, el estado es muy basto y completo, pero para conocerlo tenia que caminar hacia los alrededores y así fue, encontré un pueblo a escasas horas de la ciudad tenía los colores y esencias de un pueblo indígena, las señoras con largos y vistoso huipilies, los señores de correas en pies y camisas claras. pero esta historia no acontece al pueblo, si no a la gente que hace posible que camine en el.
En el caminar para recorrer las calles encontré una casa amarillo con rojo era taller, galería y cafetería, si en la ciudad es difícil ver estos sitios culturales es mas difícil encontrarlos en estas micro ciudades, no espere y me adentre y encontré al dueño, era un pintor el cual llego a ese lugar gracias a su esposa la que atiende la cafetería, y platicando con el me contó que el pueblo es lo que sé ve, es de sangra caliente y mucha fiesta que este lugar lo abrió por que en todos los lugares hay gente interesada para expresar lo que ven sus ojos, que la forma de hacerlo es darles el material y uno que otro consejo sobre la pintura, cuando me contaba esta historia veía los cuadro expuestos en la galería, la cual no era muy grande y no tenia comparación a la que vi en la ciudad de Oaxaca, pero se comparaba en el talento que había logrado plasmar, las historias de su pasado y presente.

